La riqueza de las aguas nacionales

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Dorados, bogas, surubíes, truchas. Estas son solo algunas de las especies que desvelan a quienes practican la pesca deportiva, una actividad que encuentra escenarios en cada región del país.

El sol todavía no asomó, pero ellos ya están radiantes. Con paciencia ultiman los detalles, ordenan cada instrumento en la caja y vuelven a controlar que no se hayan olvidado nada. En la orilla, el bote —sin motor— los espera bamboleándose suavemente al ritmo del agua. El amanecer desafía la oscuridad y la jornada empieza su movimiento. Ya navegando, el silencio encierra la esperanza de volver con una sonrisa, de haber obtenido ese ejemplar que se vuelve trofeo al inmortalizarlo en una foto, el que gana likes en redes sociales. Así comienza un día para quienes practican la pesca deportiva, una actividad que requiere paciencia, conocimientos técnicos y, sobre todo, la posibilidad de compartirla con amigos.

Si algo tiene en demasía la Argentina son destinos para practicar pesca deportiva, desde el Sur hasta el Norte, y yendo de Este a Oeste abundan los ríos, las lagunas y, por supuesto, la costa del mar. Solo en Tierra del Fuego hay más de 600 kilómetros de orillas de distinto origen (lacustre, fluvial y marino), lo que denota la importancia de esta actividad en el turismo y en los sectores asociados al mismo.

Empezando el viaje desde el Sur, en la Patagonia se multiplican los espacios para tirar la caña. Así, en la provincia más austral, el lago Fagnano es uno de los más buscados. Con 545 kilómetros cuadrados de superficie, este espejo de agua suma a su atractivo un bosque frondoso que acompaña a los visitantes durante todo el camino. Allí, el viento arrulla los oídos de los pescadores que esperan calmadamente el pique del día. Conectados por la geografía y por las posibilidades que brindan a los amantes de la pesca, siguiendo la navegación, uno puede encontrarse con el lago Escondido, ubicado en el Parque Nacional Tierra del Fuego, y al que se accede de un modo más fácil si se llega por la cordillera de los Andes. Es una zona que se ha desarrollado especialmente para la comodidad de los pescadores y que cuenta con alojamientos diseñados para llegar con las botas mojadas.

Subiendo por el mapa

Santa Cruz también tiene cursos perfectos para la pesca deportiva, como el río que lleva su mismo nombre. Pero es en el Parque Nacional Los Alerces, en Chubut, donde los interesados se deslumbran con las truchas arco iris, marrón, de arroyo y el salmón encerrado. Allí, a 50 kilómetros de Esquel, está Villa Futalaufquen, un paraíso de bosques patagónicos protegidos que enmarcan lagos que sorprenden por la belleza del paisaje y por el caudal de pique que ofrecen.

Un poco más al Norte, pero todavía en la Patagonia, está Bariloche, ciudad cabecera del turismo que se adentra en el sur argentino. Allí también las cañas son un accesorio obligado para quienes ponen el foco en las aguas y sus tesoros vivientes. Estos mosqueros se adentran en el Parque Nacional Nahuel Huapi que cuenta con dos espacios ideales: la cuenca del río Limay en la que se incluye el lago Nahuel Huapi, el río Traful y el río Caleufú, y la cuenca del río Manso. En total la ciudad aporta catorce lagos en los que se encuentran truchas de grandes dimensiones.

En el centro también

Sobre el Este, la Costa Atlántica conjuga todo para que los pescadores tengan largas jornadas de placer. Desde Monte Hermoso hasta San Clemente del Tuyú, obviamente pasando por Mar del Plata, los muelles son el punto de encuentro entre quienes tiran sus líneas y los curiosos que quieren aprender el oficio. Algunos optan por embarcarse en pequeños botes antes del amanecer e ir mar adentro, más allá de la rompiente, para tener la experiencia de la inmensidad, mientras en el horizonte se recorta el perfil urbano que se va poniendo activo. Los beneficios de estas ciudades son las múltiples actividades que se pueden disfrutar en familia.

En la zona mediterránea, Córdoba también se postula para acaparar la atención de los deportistas del pique. En dicha provincia la especie estrella es el pejerrey, que se encuentra en numerosas lagunas, como la de Mar Chiquita (de agua salada), en río Tercero; la de Suco, en La Falda; y en Cachicoya, en Cruz del Eje. La zona del embalse de río Tercero junto con el dique San Roque son dos ollas de agua que garantizan el éxito. Allí, además de pejerreyes hay carpas comunes y espejo, bagres negros, tarariras y dientudos.

Siguiendo la geografía de las sierras y aumentando la altura del terreno llegamos a Mendoza. En dicho destino, Potrerillos viene ganando fama por el tamaño de sus truchas, tanto que se ha vuelto un lugar añorado por los mosqueros, que tienen su momento álgido durante el certamen llamado One Fly. Cabe destacar que los peces se agolpan en la zona gracias al dique que se alimenta de las aguas del río Mendoza, que tienen en este lugar la particularidad de ser celestes y cristalinas. Tanta es la cantidad de animales que hasta se puede pescar siguiendo la modalidad waders, en la que uno se mete caminando al espejo acuático y puede desplazarse libremente.

Todavía sobre el Oeste, pero más al Norte, Salta también sorprende por las amplias posibilidades que brinda a la hora de planificar una jornada pesquera. El Parque Baritú atesora la llamada “Salta Verde”, que se diferencia de los Valles Calchaquíes y de los paisajes andinos. En esas coordenadas reinan las yungas, formando la mayor reserva de biósfera de la Argentina. Parte de la humedad del lugar se debe al sinuoso y acaudalado trayecto del río Bermejo, una cinta acuática deseada por ser el hogar de especies sumamente preciadas como el dorado o tigre de río. Para llegar a esta localidad, hay que arribar a Los Toldos y desde ahí cruzar a la vecina ciudad boliviana Bermejo. De este modo uno encuentra el sendero más simple para acceder al parque.

También contando con el dorado como gran atractivo, la laguna de Herradura, en Formosa, pica en punta a la hora de armar un podio de pesca deportiva en el Norte del país. Alimentado por el río Paraguay, este espejo de agua, que posee abundante vegetación ribereña, en su interior cuenta con especies de corvina blanca. Son los baqueanos quienes saben dónde están los pozos en los que se amuchan los cardúmenes. Tan importante es esta especie que, cada enero, la provincia organiza la Fiesta Internacional de la Corvina de Río. Pero la laguna tiene todavía mucho más por dar, así los aficionados también podrán fotografiarse junto a pacúes y surubíes.

Litoraleño

Enmarcado por ríos y coronado por las cataratas del Iguazú, el Litoral argentino es una región en la que la diversidad de fauna y flora parece inabarcable ante cualquier intento de censo. Lo mismo sucede en los espacios acuáticos, donde los ejemplares se multiplican y llaman la atención de quienes aman la pesca deportiva. De este modo, El Soberbio, el último pueblo antes de entrar al Parque Provincial Moconá, en Misiones, es perfecto para hacer una parada y embarcarse por el río Uruguay hasta llegar a los saltos del Moconá (no siempre están visibles, dependerá de la altura del agua), que se extienden de manera paralela al cause. La cercanía de esta particular falla y las verdes paredes de la selva son el contexto perfecto, en el que solo reinan la calma y los sonidos de la naturaleza.

Bajando por el Paraná, es posible cruzar a Corrientes, donde las atracciones de pesca abundan. Claro está, uno de los destinos que se distingue son los Esteros del Iberá, donde aseguran que se han pescado dorados de más de 12 kilos. También, no menos apreciados, son los salmones de río, las tarariras y los surubíes manchado y atigrado. Hacia el Este, marcando la frontera con Brasil, el río Uruguay también es otro polo pesquero. Por su fondo de arenas blancas, toscas coloradas y grandes pedregales, el agua queda libre de sedimentos y se vuelve perfecta para usar señuelos artificiales. En este devenir también se pueden conseguir dorados de grandes dimensiones, pero se destaca la presencia de bogas robustas. Como en los destinos anteriores, en todos estos lugares la pesca es con devolución obligatoria.

Ya en Entre Ríos, pero todavía navegando por el Uruguay, se llega a Concordia, donde la represa de Salto Grande brinda las condiciones ideales para la pesca deportiva del dorado. Esta actividad está permitida un kilómetro abajo de la presa y desde allí se extiende hasta la restinga de Salto Chico, donde se forma un sitio realmente espectacular para los amantes de este anhelado pez. Para quienes deseen conseguir bogas, lo aconsejable es usar granos de maíz en los anzuelos. Para dar con ella, uno puede optar por embarcarse (con equipos livianos es suficiente) o tirar la línea desde la costa.

Horas de observación y paciencia les van dando a los pescadores la experiencia necesaria para dar con ese pez tan deseado, sin dejar de apreciar los contextos paradisíacos que nuestro país posee.

No puede faltar en la pesca con mosca:

  • Cañas, medias con carrete y línea.
  • Una línea flotante weight forward.
  • Líderes, un par de tippets y algunas moscas.

Pioneros de la pesca con mosca

Ligado a la Patagonia, Perito Moreno también tiene que ver con la actualidad de la pesca con mosca en el sur argentino. Y es que fue gracias a su consejo que en los primeros años del siglo XX llegaron desde Europa y los Estados Unidos los primeros alevinos de trucha arco iris y marrón. El investigador había previsto importante para la región que sus ríos contaran con peces de alto valor deportivo.

En aquella época, los pescadores se trasladaban en carreta desde Buenos Aires y tardaban días en llegar. Pero eso no importaba, porque era seguro que el pique en los ríos y los lagos sureños no los iba a defraudar.

 

Las moscas son los señuelos que los mismos pescadores fabrican. En su diseño utilizan plumas, pelos e hilos que imitan los movimientos de los insectos que los peces adoran cazar. En toda la Patagonia se encuentran guías especializados de pesca con mosca, se alquilan equipos y se organizan jornadas que incluyen desde el desayuno y el traslado hasta el aperitivo para despedir el día.

Capital Internacional de la Trucha

En Tierra del Fuego la pesca deportiva es una de las actividades más destacadas, luego de las de montaña. Allí, las cañas encarnadas con mosca son parte del paisaje urbano cuando los pescadores retornan a sus lugares de descanso. Las botas altas a un costado de la puerta y el sol que muy lentamente se funde con el horizonte se suman al enterito mojado que cuelga de un perchero en la recepción de la cabaña. A su lado, las cañas reposan esperando la próxima salida. El frío invita a terminar el día con una picada de ahumados y quesos varios, que maridan a la perfección con una copa de Malbec. Todo esto sucede en Río Grande, ciudad conocida por ser la Capital Internacional de la Trucha.

De noviembre a abril, el río Grande vive su temporada alta de pesca. Durante esos meses se consiguen los ejemplares más grandes. Además, el clima es más benévolo y las horas de luz del día se llegan a extender hasta la medianoche, como sucede los 21 de diciembre. Con el mate como compañero de ruta y pesca, los deportistas eligen este destino porque saben que pueden conseguir ejemplares que los dejarán con la boca abierta. La especie más codiciada es la plateada por su excepcional tamaño (llegan a pesar 15 kilos, pues el área es rica en nutrientes para ellas), además de que es astuta para esquivar el anzuelo y la mosca.

¿Por qué abundan estos peces aquí? La historia cuenta que el señor Goodall, un inglés que había quedado encantado por estos lares, sembró ovas de truchas y estas rápidamente encontraron todos los beneficios que el hábitat les daba para multiplicarse.

El respeto ante todo

Antes de practicar la pesca deportiva es necesario obtener un permiso. El pescador está obligado a portarlo y a exhibirlo cada vez que le sea requerido por la autoridad. Su precio varía según el período de vigencia y la residencia del solicitante. Generalmente se adquiere en tiendas deportivas y grandes negocios.

A los pescadores se les recuerda que toda actividad es con devolución y se les recomienda leer el reglamento antes de empezar su travesía:www.reglamentodepesca.org.ar 

El dato

Alrededor de 5 millones de aficionados desarrollan la pesca deportiva en la Argentina.

Fuente: http://bit.ly/2D26sPk

 

 

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