¿Qué agua piensa exportar Cuba?

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A pesar que la Estrategia Ambiental Nacional (EAN) reconoce como uno de los cinco principales problemas ambientales de Cuba “la carencia de agua”, el gobierno de la isla pretende exportar agua natural embotellada a la región del Caribe.

Según la noticia publicada en Havana Times una nueva fábrica de tecnología italiana “de última generación” inició la producción a inicios de septiembre, con el nombre comercial de Sierra Canasta, cordillera guantanamera de cuyos manantiales se extrae el preciado líquido.

Sierra Canasta competirá con el hasta ahora único productor nacional, Ciego Montero, y a un precio similar presentará una botella plástica de 600 mililitros, 100 mL más que su predecesora.
Con la capacidad instalada hasta la fecha, se producirán unas 144 mil cajas al año, suficientes para surtir toda la cadena de tiendas TRD, Palmares, CIMEX, el turismo y Artex de la región oriental del país.
Según la información, el potencial de la planta construida con fondos estatales y de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo es muy superior (más 400 mil cajas anuales), lo que posibilitará “ir ganando un espacio en los países de la cuenca del Caribe insular”.
Aunque la EAN, emitida por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) cubano, ha diagnosticado que en la isla “no se dispone de un sistema de monitoreo adecuado sobre la calidad de las aguas terrestres y marinas”, pareciera que los dividendos que se esperan tienen más poder persuasivo.

La nueva embotelladora Sierra Canasta. Foto: trabajadores.cu

La producción de agua embotellada a nivel global puede costar entre 0,25 y 2 dólares por botella, y según Bottledwaterblues, el 90% se invierte en hacer el pomo, la etiqueta y las tapas.

Situación hidrológica en oriente
El informe del CITMA alerta que “el fenómeno de la sequía (…) junto a otros fenómenos antrópicos (…) contribuyen a que en amplias zonas costeras y tierras secas del país se experimenten significativos procesos tendientes a la desertificación, con mayor intensidad en la parte oriental de la Isla”.

Poblados en el oriente cubano como Báguanos y Tacajó, han sufrido por décadas la casi nula disponibilidad de agua, por la extinción o contaminación del manto freático. Los pobladores allí carecen de redes hídricas para el suministro.
Los “reiterados y nocivos eventos de sequía, combinados con altas tasas de evaporación, originan el agotamiento de los suelos y la disminución de las reservas de agua subterráneas”, precisa la EAN.
Entre las prioridades del Instituto de Recursos Hidráulicos en las urbanizaciones orientales se encuentran el abasto de agua a las comunidades, el saneamiento ambiental y la rehabilitación de los sistemas de acueductos en las zonas más afectadas, dijo Rolando Calzada, director de esa entidad durante el reciente XI Congreso Internacional de Ingeniería Hidráulica.
No obstante, precisó que también garantizan el vital líquido a las zonas de desarrollo turístico de la isla. Ahora queda claro cómo piensan lograrlo.
Impacto de la producción de agua embotellada
El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), junto con cientos de movimientos ambientalistas a nivel global, han llamado a consumir menos agua embotellada. Sus campañas afirman que esta no es mejor que el agua del grifo, además de generar desechos difíciles de reciclar.
De acuerdo con la experta Annie Leonard, las compañías comercializadoras han desarrollado una “demanda manufacturada”. Para ello asustan al público con la contaminación de algunas fuentes, muchas veces corrompidas por industrias como las propias de botellas plásticas.
Lo cierto es que muchas veces el agua embotellada cumple menos regulaciones que el agua del grifo, y hasta tiene peor sabor. A pesar de las seductoras etiquetas con paisajes naturales, en ocasiones el agua embotellada proviene justamente del grifo, pero cuesta 2 mil veces más.
La estrategia engaña al consumidor y oculta, por ejemplo, que en EE.UU. el 80% de las botellas vacías terminan en el campo, donde demorarán miles de años en descomponerse; o en incineradores, donde son quemados, liberando gases tóxicos; o en vertederos marítimos.

Botellas de agua Ciego Montero y Sierra Canasta. Foto: trabajadores.cu

Una parte mínima va a reciclaje, es decir, son exportadas a países como la India, donde las tiran en gigantescos vertederos. ¿Alguien puede asegurar que no sucede lo mismo en las pobres naciones del Caribe, incluyendo a Cuba?

“En 2030 alrededor de la mitad de la población mundial podría sufrir escasez de agua, porque las estimaciones apuntan a que el líquido vital superará a la oferta en un 40%”, expresó Ban Ki-Moon hace pocos días en Budapest, al inaugurar la Cumbre del Agua.
De espaldas a esa perspectiva, y desoyendo el llamado del líder de la ONU a “combatir el uso insostenible del agua”, el gobierno cubano planea comerciar en moneda convertible con el escaso líquido en el oriente cubano, y aspira a exportarlo a otras naciones del área del Caribe.
A pesar de que el negocio del agua embotellada ha comenzado a decaer ligeramente a nivel internacional, Cuba aspira entrar en él ahora, pues la iniciativa no necesita ser refrendada por los poderes locales, dado que son decisiones que se toman centralmente, por el gobierno.
Por su parte, la precaria situación de las organizaciones civiles ecologistas en la isla no hace factible la posibilidad de ejercer una presión significativa sobre la empresa y la dirección del país. Todo ello marcado por una indignante carencia de información de primera mano.

 

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