Directrices para termas

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El turismo se muestra como una actividad económica que continúa manifestando sus tendencias expansivas en todos sus rubros -turistas, oferta, ingresos e inversiones- en el marco de un contexto económico mundial ambivalente. Esta situación favorece en mayor medida a los países, regiones y destinos emergentes con capacidad de brindar una oferta de servicios diversa y de calidad que permitan responder a las nuevas exigencias de la demanda. Desde hace unos años, la economía Argentina tiene como uno de sus pilares de desarrollo a la actividad turística, no sólo por el impacto positivo que ésta produce en su economía, como generadora de divisas y de empleos; sino también porque el turismo constituye una herramienta capaz de mejorar la calidad de vida de las comunidades locales y su población. Entre las modalidades turísticas que tienen lugar en nuestro país, la vinculada a las termas cuenta con más de 30 organizaciones en funcionamiento – ya sean centros, parques y complejos termales – y una importante oferta de alojamientos termales – más de 22.000 plazas. Estas Organizaciones Termales1 permiten aprovechar los beneficios de aguas termales con características muy diferentes en su composición físico-química y biológica, en una gran diversidad de climas y ambientes. Hoy, además de constituir centros de salud, se han transformado en lugares para usos turísticos recreativos y de actividad social cuando no un factor de reconversión productiva. No obstante, es importante recordar que una expansión no planificada o que no contemple el uso racional de los recursos, produce efectos no deseados como, por ejemplo, impactos en la cantidad y calidad de los recursos ambientales disponibles, o una gradual reducción de los niveles de la satisfacción de los usuarios. Asimismo, la percepción de los usuarios de algunas deficiencias en las organizaciones – falta de limpieza y mantenimiento de las instalaciones, ausencia de personal capacitado, uso de información errónea en la promoción del recurso – puede resultar en una experiencia inferior a la esperada por parte del usuario lo que en el largo plazo, redunda en un cambio negativo de valoración del destino termal. Retos y objetivos de las Organizaciones Termales Ante la posibilidad de considerar al turismo termal como una alternativa para ampliar o mantener el desarrollo, vale responder a la pregunta: ¿cuáles son las pautas a seguir para adecuarse a las exigencias actuales de la demanda, dentro de un marco de sustentabilidad y de calidad?. La definición de la Organización Mundial del Turismo (OMT) vinculada a la “Calidad en el Turismo”, incluye una serie de “factores subyacentes que determinan la calidad tales como la seguridad, la higiene, la accesibilidad, la transparencia, la autenticidad y la armonía de una actividad turística preocupada por su entorno humano y natural”. Estos factores, son considerados esenciales por los usuarios, y si algunos de ellos no se tienen en cuenta en la prestación de los servicios, la calidad de la experiencia turística disminuye significativamente. 1 En este documento se utiliza la expresión “Organización Termal” en vez de empresa. Se decidió adoptar la expresión organización para ser consistentes con la denominación utilizada en diversas normas internacionales y nacionales vinculadas a la calidad. Asimismo, se definió a la Organización Termal como aquel establecimiento cuyo propósito principal es el aprovechamiento desde el punto de vista turístico, de una fuente termal o similar, con fines terapéuticos y/o recreativos. Ejemplos: Alojamiento hotelero termal, centro termal, parque termal, complejo termal.

Directrices en el siguiente enlace:

https://bit.ly/2QQWawA

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